Tras dos años de viaje cósmico, la sonda Hera de la Agencia Espacial Europea (ESA) y sus dos CubeSats, Milani y Juventas, se acercan, por fin, a Didymos y Dimorphos, el primer objeto del Sistema Solar cuya órbita fue alterada por la acción humana, y donde llegarán previsiblemente a finales del presente año.
Después de realizado un sobrevuelo con asistencia gravitatoria a Marte en marzo de 2025, la nave continúa su viaje espacial tras ser lanzada el 7 de octubre de 2024 a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX.
Su objetivo es estudiar de cerca los efectos del impacto de la sonda DART de la Nasa, que colisionó con Dimorphos en septiembre de 2022, para evaluar esta técnica como un método viable de defensa planetaria.
Actualmente, Hera vuela a una velocidad relativa a la Tierra de más de 12 kilómetros por segundo, moviéndose como un coche de carreras cambiando de carril, cruzando primero la órbita de Marte y acercándose ahora a la órbita de los asteroides binarios Didymos.
A continuación, para poder igualar la velocidad de sus objetivos, Hera debe frenar considerablemente. A primera hora del próximo 15 de octubre, Hera girará sobre su eje de modo que su anillo de propulsores de control orbital apunte hacia el sistema Didymos. Tres de estos propulsores, que funcionan con hidracina, se encenderán simultáneamente y arderán de forma continua durante un total de 93 minutos para reducir la velocidad de Hera con respecto a los asteroides en unos cientos de metros por segundo.
Esto implica un pilotaje algo complicado, ya que los propulsores de control de reacción de Hera, que se encuentran en pares en las puntas de la nave cúbica Hera, también deben utilizarse para ayudar a mantener la orientación de la nave espacial, además de un ajuste fino de los propulsores de control de órbita.
“Para preparar esta maniobra de frenado inicial, conocida como BRM-1, realizamos una breve prueba de encendido el 2 de octubre, tras la cual comenzamos a generar la secuencia completa de telecomandos”, explica el ingeniero de dinámica de vuelo Francesco Castellini, del equipo de Dinámica de Vuelo de la ESA, encargado de determinar la posición actual de las misiones de la ESA en el espacio y calcular cómo moverlas a donde deben estar.
“Tan pronto como sea posible tras finalizar la combustión, obtendremos una señal de la nave espacial a través de una de las dos antenas de espacio profundo de 35 metros de diámetro de la ESA en New Norcia, Australia. En este punto comienza el trabajo realmente duro para nosotros: utilizaremos las salidas de los sensores GNC (guiado, navegación y control) de Hera a través de la telemetría que recibimos, además de los datos de alcance y Doppler integrados en la propia señal, para evaluar que la dirección y la magnitud del frenado coinciden con el cambio previsto en ‘delta-v’”, añade Castellini.
Tras unos días intensos de comprobaciones y cálculos, la secuencia de telecomandos para una segunda maniobra de frenado más corta, BRM-2, se transmitirá a Hera para su ejecución en la madrugada del jueves 22 de octubre. Esta segunda ignición de los propulsores, de aproximadamente 31 minutos, debería completar la mayor parte del Delta-V necesario para igualar la velocidad del sistema Didymos, compensando al mismo tiempo cualquier fallo en la BRM-1.
A estas dos maniobras les seguirán tres maniobras de «transición» más pequeñas hacia finales de mes, que reducirán la velocidad relativa de Hera con respecto a Didymos hasta casi cero.
El asteroide Dimorphos, que orbita alrededor de su cuerpo progenitor Didymos, es el primer objeto del Sistema Solar que ha sido transformado por la acción humana. En 2022, la nave espacial DART de la Nasa impactó deliberadamente contra Dimorphos para modificar su órbita alrededor de Didymos.
Hera llevará a cabo una investigación exhaustiva del lugar del impacto para recopilar datos clave sobre el asteroide y su respuesta al impacto de DART, resolviendo así cuestiones fundamentales para la defensa planetaria.











