La Nasa ha alcanzado un hito determinante en el desarrollo del telescopio espacial Nancy Grace Roman, cuyo ensamblaje estructural quedó completado el 25 de noviembre en el mayor clean room del Centro de Vuelo Espacial Goddard, en Greenbelt (Maryland). La integración de sus dos segmentos principales marca el inicio de la etapa definitiva de pruebas antes de su traslado al Centro Espacial Kennedy para preparar el lanzamiento, previsto no más tarde de mayo de 2027, aunque el equipo mantiene la posibilidad de adelantarlo al otoño de 2026.
Amit Kshatriya, administrador asociado de la Nasa, subraya que este avance sitúa a la agencia ante “un momento definitorio”. Según señala, el proyecto Roman refleja la combinación de rigor ingenieril y ambición científica que caracteriza a las misiones estratégicas: “Pieza a pieza, prueba a prueba, este equipo ha levantado un observatorio que ampliará nuestro conocimiento del universo”. Una vez completados los ensayos finales, el telescopio viajará a Florida para su integración con el lanzador Falcon Heavy de SpaceX, que lo enviará a su destino final a un millón de millas de la Tierra.
El telescopio Nancy Grace Roman está concebido para transformar la capacidad de observación del cosmos en el rango infrarrojo. Su sensibilidad y su amplio campo de visión permitirán explorar fenómenos clave, desde la naturaleza de la energía y la materia oscuras hasta la detección de mundos lejanos y objetos compactos aislados. Para Julie McEnery, científica sénior del proyecto, el volumen de descubrimientos que generará en sus primeros cinco años será sin precedentes: más de 100.000 planetas, cientos de millones de estrellas y miles de millones de galaxias.
Roman captará luz infrarroja de regiones remotas del universo con una eficiencia cientos de veces superior a la del telescopio Hubble. Esta capacidad permitirá realizar estudios que, con instrumentos anteriores, habrían requerido siglos de observación acumulada. Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, recuerda que uno de los grandes enigmas actuales es la aceleración de la expansión del universo: “Roman fue construido para descubrir qué es lo que hay en la base de este fenómeno. Con el observatorio ya completo, estamos un paso más cerca de comprender el cosmos como nunca antes”.
Instrumentación doble para ciencia de frontera
El observatorio integra dos instrumentos principales: el Wide Field Instrument y el Coronagraph Instrument. El primero, una cámara de 288 megapíxeles, capturará en cada imagen una porción del cielo mayor que el tamaño aparente de la Luna llena, generando hasta 20 petabytes de datos durante la misión primaria. Este flujo masivo de información será clave para investigaciones cosmológicas, astrofísicas y planetarias.
El instrumento coronográfico, por su parte, actuará como banco de pruebas tecnológico para la obtención de imágenes directas de exoplanetas. Su sistema de bloqueo de luz estelar permitirá observar mundos fríos, gigantes y próximos a sus estrellas, así como discos de polvo. Feng Zhao, responsable del Coronagraph Instrument en el JPL, afirma que se trata de un paso esencial hacia la búsqueda de respuestas a la pregunta de si existen otras formas de vida en el universo.
El plan de operaciones prevé que el coronógrafo complete tres meses de observaciones distribuidas durante los primeros 18 meses de misión, con posibilidad de ampliar su actividad en función de las prioridades científicas.
Tres grandes encuestas para comprender el universo
El Wide Field Instrument ejecutará tres encuestas principales que ocuparán el 75% del tiempo de la misión:
– High-Latitude Wide-Area Survey, que combinará imagen y espectroscopía para registrar más de mil millones de galaxias, estudiar la evolución del universo y analizar la distribución de materia oscura.
– High-Latitude Time-Domain Survey, que observará de forma continua una misma región para estudiar la variabilidad del cosmos y profundizar en la naturaleza de la energía oscura.
– Galactic Bulge Time-Domain Survey, que ofrecerá una de las imágenes más profundas del bulbo galáctico mediante la búsqueda de eventos de microlente gravitatoria. Este método permitirá detectar planetas en distintas zonas de habitabilidad, planetas errantes no ligados a ninguna estrella y agujeros negros aislados, además de identificar hasta 100.000 exoplanetas en tránsito.
El 25% restante del tiempo se dedicará a observaciones seleccionadas por la comunidad científica. El primer programa elegido es el Galactic Plane Survey, enfocado en el plano galáctico.
La Nasa aplicará un modelo de ciencia abierta sin periodo de uso exclusivo, de forma que todos los datos estarán disponibles desde su publicación. Esta política pretende acelerar la producción científica y maximizar el retorno de la misión.
El telescopio lleva el nombre de la astrónoma Nancy Grace Roman, primera jefa científica de la Nasa y figura clave en la creación del programa de telescopios espaciales. Según Jackie Townsend, subdirectora del proyecto, la misión honra su legado al proporcionar a la comunidad internacional “herramientas capaces de generar descubrimientos durante décadas”.
El desarrollo del telescopio está liderado por el Centro Goddard en colaboración con el JPL, Caltech/IPAC, el Space Telescope Science Institute y un consorcio de instituciones y socios industriales. Con su ensamblaje completado y la siguiente fase de pruebas ya en marcha, Roman se prepara para convertirse en uno de los pilares científicos de la próxima década en la exploración del cosmos.











