El satélite Sentinel-1B, el segundo satélite de la misión Copernicus Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA), completó su proceso de desmantelamiento, que incluyó la reducción de su órbita y la pasivación de sus sistemas para garantizar su reingreso a la atmósfera de la Tierra en un plazo de 25 años. Esta cuidadosa operación pone de relieve el compromiso de la Unión Europea y la ESA con la seguridad y la sostenibilidad espacial y proporciona una valiosa experiencia para la eliminación de naves espaciales actuales y futuras.
El satélite Sentinel-1B, lanzado el 25 de abril de 2016, se unió al Sentinel-1A para completar la constelación Sentinel-1. Durante más de cinco años, estos dos satélites recopilaron el mayor conjunto de datos de radar abierto y global del mundo. La misión fue la primera en lanzarse para Copernicus, el componente de observación de la Tierra del programa espacial de la Unión Europea.
La ambiciosa misión Sentinel-1 elevó el nivel de los radares espaciales, ya que proporciona imágenes de radar continuas para numerosos servicios y aplicaciones de Copernicus, como la cartografía del hielo, el seguimiento de icebergs, la vigilancia de la velocidad de los glaciares, así como la vigilancia de la deformación del terreno como resultado de hundimientos, terremotos y volcanes, la gestión del agua y el suelo, y el apoyo a la ayuda humanitaria y a las iniciativas de respuesta ante desastres.
El 23 de diciembre de 2021, Sentinel-1B registró un fallo en la unidad de plataforma que alimentaba el radar de apertura sintética, lo que provocó que la carga útil quedara inoperativa. Después de múltiples intentos de recuperar la nave espacial, la misión se declaró terminada el 3 de agosto de 2022. Desde entonces, la misión Sentinel-1 ha dependido únicamente del satélite Sentinel-1A.
Preparación meticulosa
Los preparativos para la eliminación de Sentinel-1B comenzaron en septiembre de 2022, justo después de finalizar la misión. Basándose en su compromiso compartido de reducir los desechos espaciales, un esfuerzo de colaboración entre expertos de la ESA, la Comisión Europea y socios industriales condujo a un plan de eliminación bien estructurado que maximizó el potencial restante del satélite.
El plan, basado en experiencias previas de la ESA en la eliminación de satélites, implicó múltiples etapas que permitieron al equipo de la ESA monitorizar y ajustar según fuera necesario, después de lo cual el reingreso en sí mismo será sin control:
– Limpieza de la órbita: la órbita de Sentinel-1B se redujo unos pocos kilómetros para liberar la órbita para la llegada de los satélites Sentinel-1C y Sentinel-1D.
– Pruebas de maniobras: Se probaron y validaron nuevas maniobras para complementar las convencionales y reducir mucho más la altitud.
– Reducción de órbita activa: la nave espacial fue colocada en una órbita final, desde la cual se desintegrará naturalmente y finalmente se quemará en la atmósfera.
– Pasivación: La nave espacial fue pasivada, para eliminar la mayor cantidad posible de energía almacenada para evitar rupturas accidentales, y todos los sistemas de energía fueron apagados activamente.
Las operaciones de desmantelamiento de Sentinel-1B comenzaron en febrero de 2023, como estaba previsto. Durante los primeros seis meses, las operaciones transcurrieron sin problemas, pero a medida que avanzaba el descenso de la órbita, los equipos tuvieron que superar múltiples desafíos para seguir por el buen camino.
En el pasado mes de abril se alcanzó la altitud orbital final, lo que permitirá el reingreso en un plazo de 25 años. El pasado día 12 se produjo la pasivación eléctrica, lo que marca el final de la vida operativa del satélite.
Esta cuidadosa operación ayudó a reunir conocimientos útiles sobre las capacidades y limitaciones de la nave espacial, lo que facilitará futuras operaciones de Sentinel-1 en los próximos años.
Última señal
La última señal de la nave espacial se recibió el pasado día 12, justo antes de que el transmisor de a bordo, que se comunica con el control terrestre, se apagara por completo. El proceso de pasivación implicó minimizar la energía almacenada en la nave espacial (lo que incluyó la descarga de su batería) y apagar activamente todos los sistemas de energía cuando fue posible. La nave espacial también fue configurada de manera que ninguno de los sistemas desactivados pudiera reactivarse automáticamente.
Después de la pasivación, la nave espacial se convirtió en lo que se conoce como un objeto «balístico», lo que significa que ya no está controlada por sí misma ni por los equipos de tierra.
Debido a su tamaño y a la orientación prevista, la nave espacial puede ser rastreada con precisión por las redes de seguimiento de objetos espaciales de Estados Unidos y la Unión Europea, lo que permite realizar predicciones precisas de su desintegración orbital. La Oficina de Basura Espacial de la ESA realiza un seguimiento de dichos objetos y emite alertas si es necesario, de modo que los satélites activos puedan realizar maniobras de evasión.
Se espera que la nave espacial regrese a la atmósfera de la Tierra en 24 años, aunque esta estimación conlleva cierta incertidumbre debido a factores como la actividad solar, que afecta la resistencia atmosférica. Sentinel-1B ha generado una recopilación de datos única que miles de usuarios de todo el mundo utilizan a diario. Los datos siguen estando disponibles en línea en el ecosistema espacial de datos de Copernicus y seguirán contribuyendo a una mejor comprensión de la Tierra.
El satélite Sentinel-1C, cuyo lanzamiento está previsto para finales de este año a bordo de un cohete Vega-C, sustituirá al satélite Sentinel-1B, garantizando la continuidad de los datos para los servicios y aplicaciones Sentinel.
Junto con Sentinel-1D, ampliará las capacidades de la misión y proporcionará una perspectiva a largo plazo para la próxima década, hasta que la próxima generación de satélites Sentinel-1 tome el relevo.











