El astronauta español Pablo Álvarez Fernández participa en la décima edición de PANGAEA, el programa de formación geológica de la Agencia Espacial Europea (ESA) que prepara a los astronautas para futuras misiones de exploración de la Luna y Marte.
Álvarez comparte esta formación con la astronauta de la Nasa Jasmin Moghbeli y el astronauta de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) Kimiya Yui. Durante tres semanas, los tres astronautas combinan formación teórica con trabajo de campo en algunos de los enclaves geológicos más relevantes de Europa: el cañón de Bletterbach, en Italia; el cráter de Ries, en Alemania; y los paisajes volcánicos de Lanzarote, en España.
El objetivo es que los astronautas aprendan a identificar rocas y estructuras geológicas, interpretar su origen y evolución y, sobre todo, reconocer qué muestras pueden resultar de mayor interés para los científicos que estudian la Luna y otros cuerpos planetarios.
La formación de PANGAEA reproduce algunas de las condiciones a las que los astronautas tendrán que enfrentarse durante una futura misión lunar. Además del conocimiento geológico, el programa trabaja la planificación de las actividades de campo, la toma de decisiones, la comunicación con los equipos científicos en Tierra y la capacidad de adaptar el trabajo a las características del terreno.
Para Álvarez, esta preparación tiene una aplicación directa en las futuras misiones de exploración. El astronauta español destaca que los participantes terminan convirtiéndose en los “ojos y manos” de los científicos sobre el terreno, capaces de identificar y seleccionar muestras relevantes y trasladar a los investigadores la información necesaria para interpretarlas.
Durante la fase desarrollada en Lanzarote, los astronautas realizan recorridos de campo con mayor autonomía y toman decisiones con el apoyo de científicos que permanecen a distancia. El entrenamiento busca así acercarse progresivamente a la dinámica de una misión real, en la que el tiempo disponible para explorar será limitado y cada decisión sobre qué estudiar o qué muestra recoger puede resultar relevante.
Diez años preparando astronautas
PANGAEA cumple este año una década desde su puesta en marcha. Desde 2016, el programa ha formado a 19 astronautas procedentes de cuatro agencias espaciales y se ha convertido en un requisito previo para los astronautas que participarán en misiones lunares del programa Artemisa. La edición de este año está dedicada a Riccardo Pozzobon, uno de los instructores del programa, que falleció hace un año durante una expedición científica en Alaska.
A lo largo de estos 10 años, PANGAEA ha evolucionado desde un curso centrado en geología hacia una formación más amplia en ciencia planetaria, trabajo de campo y operaciones de tripulación. El entrenamiento pretende que los astronautas no solo conozcan las características de las rocas, sino que sean capaces de trabajar junto a los científicos para determinar qué información puede obtenerse de ellas.
“La Luna conserva piezas del pasado de la Tierra y del Sistema Solar”, explica la científica Katherine Joy, que participa en el programa. Por ello, la selección de muestras será una de las tareas fundamentales durante las futuras expediciones lunares.
El entrenamiento permitirá a Pablo Álvarez aplicar estos conocimientos en una eventual misión espacial y afrontar con mayor preparación las tareas de exploración geológica. El astronauta español ha señalado su interés por poder utilizar esta experiencia sobre la superficie lunar y regresar con muestras que puedan aportar nueva información a los científicos.
Los escenarios terrestres utilizados por PANGAEA sirven como bancos de pruebas para esa futura actividad. El cráter de Ries permite estudiar evidencias de un impacto de asteroide, Bletterbach ofrece la posibilidad de analizar diferentes capas de roca y reconstruir antiguos entornos y Lanzarote proporciona un entorno volcánico en el que los astronautas pueden practicar la toma de decisiones y el trabajo de campo.
La formación busca, en definitiva, que cuando los astronautas lleguen a la Luna puedan interpretar el terreno, trabajar coordinadamente con los equipos científicos y aprovechar al máximo el tiempo disponible para recoger muestras. Para Pablo Álvarez, esa preparación será parte de las capacidades necesarias para convertir la exploración lunar en conocimiento científico.











