“El Gobierno ha hecho del espacio una política de país porque es una infraestructura crítica para nuestra economía y nuestra sociedad”. Con estas palabras, la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, ha defendido el papel estratégico que el espacio ocupa ya en España, durante la conferencia “El espacio como infraestructura estratégica para la economía”, celebrada en el marco de los “Encuentros de Santander” organizados por AMETIC, que este año alcanzan su 40 edición.
Morant ha destacado que la creciente dependencia de los satélites para las comunicaciones, la navegación, la gestión de servicios públicos, la operativa de los mercados financieros, la monitorización de recursos estratégicos o la seguridad ha convertido al espacio en una infraestructura con impacto directo sobre la economía y la sociedad.
“Muchas veces utilizamos el espacio sin saber que lo estamos utilizando”, ha señalado la ministra, que considera que sus aplicaciones están cada vez más presentes en la vida cotidiana.
Protección, autonomía estratégica y economía
La estrategia del Gobierno en torno al espacio se articula, según Morant, en tres grandes ámbitos. El primero es la protección de la ciudadanía. En este punto, ha puesto como ejemplo el papel de los satélites en la monitorización de incendios forestales, la anticipación de inundaciones y la respuesta ante fenómenos extremos como las DANAS, además de la gestión de recursos esenciales como el agua.
La segunda prioridad es la autonomía estratégica. Morant ha defendido la necesidad de que Europa disponga de un mayor acceso propio al espacio, comunicaciones seguras, capacidades de observación de la Tierra y empresas capaces de desarrollar tecnologías estratégicas. En este contexto, ha destacado iniciativas como IRIS², la futura constelación europea de comunicaciones seguras por satélite.
El tercer eje es el económico. La ministra ha subrayado que cada misión espacial implica actividad para centros de investigación, universidades y empresas innovadoras, además de generar empleo cualificado. A ello se suma la aparición de nuevas tecnologías, servicios y modelos de negocio con aplicaciones en otros sectores.
Esta apuesta se produce en un momento de crecimiento de la industria espacial española. Morant ha señalado que el sector vive “el mejor momento de su historia”, con un crecimiento superior al 15% anual y una facturación que alcanzó los 1.500 millones de euros en 2025. También ha puesto de relieve el creciente peso de España dentro de la Agencia Espacial Europea (ESA). El país aporta una media de 455 millones de euros al año, “casi el triple que cuando llegamos al Gobierno”, según ha indicado la ministra.
Morant ha situado a España como la cuarta potencia de la ESA, junto a Alemania, Francia e Italia, y ha destacado que esta participación se traduce directamente en contratos para la industria nacional. Entre los ejemplos citados figura PLD Space y su lanzador MIURA 5, para el que la compañía ilicitana ha formalizado recientemente un contrato con la ESA por 158,9 millones de euros.
Del espacio al resto de la economía
Para Morant, el desarrollo de la actividad espacial debe ir acompañado de una mayor transferencia de las capacidades generadas hacia otros sectores productivos. El reto, ha explicado, no consiste únicamente en disponer de más satélites, lanzadores o empresas espaciales, sino en conseguir que estas tecnologías tengan un impacto más amplio sobre la economía.
La ministra ha apuntado a ámbitos como la agricultura, el transporte, las comunicaciones y los servicios públicos como algunos de los sectores que pueden beneficiarse de las capacidades desarrolladas en el ámbito espacial. Esta visión se vincula también con la apuesta por generar conocimiento y tecnología propia. “Un país sin conocimiento y tecnologías propias depende de las decisiones de otros y España ha decidido no depender”, ha afirmado.
En este contexto, Morant ha defendido la primera Estrategia Deep Tech, que ha definido como “una declaración de intenciones geopolítica”. Entre sus objetivos se encuentra avanzar en ámbitos como la inteligencia artificial ética, los semiconductores y las energías limpias, con la intención de que España participe en su desarrollo tecnológico y no únicamente como consumidor.
La intervención de la ministra sitúa así el espacio dentro de una estrategia más amplia de país, vinculada tanto a la autonomía tecnológica y la seguridad como a la capacidad de generar actividad económica y trasladar el conocimiento desarrollado en el sector al conjunto del tejido productivo.











