Un equipo internacional de científicos ha logrado un avance significativo en la comprensión del viento solar, gracias a los datos proporcionados por la sonda Solar Orbiter de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Parker Solar Probe de la Nasa. Estos instrumentos han revelado que la energía necesaria para acelerar y calentar el viento solar proviene de grandes fluctuaciones en el campo magnético del Sol, resolviendo un enigma que ha desconcertado a los astrofísicos durante décadas.
El viento solar es una corriente constante de partículas cargadas que emanan de la atmósfera solar, conocida como la corona, y se desplazan hacia el espacio, incluso más allá de la Tierra. Es este viento solar el responsable de fenómenos como la aurora boreal en nuestro planeta. Sin embargo, lo que ha intrigado a los científicos es cómo este viento, que inicialmente se mueve a velocidades moderadas, logra acelerar hasta alcanzar más de 1,8 millones de kilómetros por hora al alejarse del Sol.
Anteriormente, se sospechaba que las ondas de Alfvén, un tipo de oscilación en el campo magnético que se forma en el plasma altamente electrificado del Sol, podrían ser la fuente de esta energía. Sin embargo, no se había podido confirmar hasta ahora. Gracias a la alineación fortuita de la Solar Orbiter y la Parker Solar Probe en febrero de 2022, los investigadores pudieron comparar las mediciones del viento solar en diferentes puntos de su trayecto, lo que permitió identificar la influencia crucial de estas ondas magnéticas.
Las mediciones mostraron que cerca del Sol, el 10% de la energía total del viento solar estaba almacenada en el campo magnético. A medida que el viento se alejaba, esta energía disminuía, pero el viento se aceleraba y se enfriaba más lentamente de lo que se esperaba. Este comportamiento sugiere que la energía magnética perdida se estaba utilizando para impulsar y calentar el viento solar.
Además, se confirmó la importancia de las llamadas «switchbacks», configuraciones magnéticas donde las líneas del campo magnético solar se retuercen y doblan de manera abrupta. Estas formaciones, detectadas con mayor frecuencia desde que la Parker Solar Probe penetró en la corona solar en 2021, contienen la energía suficiente para explicar la aceleración adicional del viento solar.
Este descubrimiento no solo arroja luz sobre los procesos que ocurren en nuestro Sol, sino que también tiene implicaciones para la comprensión de otras estrellas similares. Como explica Samuel Badman, del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, «lo que hemos aprendido sobre nuestro Sol podría aplicarse a otras estrellas que también emiten vientos estelares.»
El equipo de científicos planea expandir su análisis a formas más lentas del viento solar para determinar si la energía del campo magnético del Sol también influye en su comportamiento. Con cada nuevo descubrimiento, se avanza en la construcción de una imagen más completa de los fenómenos solares y su impacto en el espacio interplanetario.











