La Nasa ha dado por concluida la misión del observatorio espacial Neil Gehrels Swift ante su próxima reentrada en la atmósfera terrestre, prevista para las próximas semanas. El aumento de la actividad solar intensificó el rozamiento atmosférico sobre la nave y aceleró su pérdida de altitud hasta impedir que pudiera compensar sus efectos.
Como ocurre con todos los satélites situados en órbita baja, Swift está sometido al arrastre de la atmósfera, que frena progresivamente su movimiento. La reciente actividad solar aumentó este efecto y provocó un descenso más rápido del observatorio.
En un intento por prolongar su vida orbital, se llegó a plantear una misión de servicio de alto riesgo y ejecución rápida para elevar su órbita. Sin embargo, esta iniciativa concluyó en agosto sin que se llevara a cabo la maniobra de reimpulso.
Tras el cierre de ese intento, el equipo retomó las observaciones científicas, que habían sido interrumpidas para reducir el rozamiento y mantener el satélite en órbita durante más tiempo. Desde entonces, Swift estudió cientos de objetivos, entre ellos restos de explosiones estelares, agujeros negros supermasivos activos en galaxias lejanas y cometas del sistema solar.
La reanudación de la actividad científica volvió a incrementar el arrastre sobre la nave y aceleró de nuevo su descenso. El 20 de octubre, Swift alcanzó una altitud de 275 kilómetros, momento en el que ya no pudo contrarrestar los efectos del rozamiento atmosférico y entró en modo seguro. El equipo de operaciones de la misión, ubicado en la Universidad Estatal de Pensilvania, en University Park, envió entonces una orden al observatorio para poner fin a sus operaciones y prepararlo para la reentrada.











