Nasa y Katalyst Space han anunciado que la misión LINK no podrá realizar, como estaba previsto, la captura y elevación de la órbita del observatorio Neil Gehrels Swift debido a un problema persistente en el sistema de control de actitud de la nave comercial. No obstante, el vehículo intentará llevar a cabo operaciones de encuentro y proximidad con Swift para demostrar capacidades destinadas a futuras misiones de servicio en órbita.
Los equipos de Nasa y Katalyst están trabajando conjuntamente para determinar los próximos pasos de la misión y recopilar el máximo volumen de datos posible durante el intento de aproximación. La información obtenida permitirá evaluar las capacidades desarrolladas y extraer conclusiones aplicables a futuras operaciones de servicio de satélites.
El administrador de Nasa, Jared Isaacman, considera que la misión respondía a un planteamiento de alto riesgo, pero también de potencial elevado retorno. Según explicó, aunque el resultado no es el esperado, el intento permitirá obtener información sobre las operaciones de encuentro y utilizar las lecciones aprendidas en próximas misiones.
Swift afronta el final de su misión
El observatorio Swift fue lanzado en 2004 para estudiar los estallidos de rayos gamma, considerados las explosiones más potentes del Universo, además de otros objetos y fenómenos cósmicos. La misión principal estaba inicialmente prevista para dos años, pero Swift ha mantenido 21 años de operaciones científicas.
El incremento de la actividad solar provocó un rápido descenso de su órbita baja terrestre. Esta situación llevó a la Nasa a aprovechar la oportunidad para avanzar en el desarrollo de tecnologías estadounidenses de servicio de naves espaciales. En septiembre de 2025, la agencia adjudicó a Katalyst un contrato para desarrollar una misión robótica destinada a elevar la órbita de Swift en un plazo inferior a un año.
Sin una intervención sobre el observatorio, la Nasa prevé que Swift probablemente vuelva a entrar en la atmósfera terrestre a finales de este año. Como parte de la planificación previa para el final de la misión, la agencia continuará buscando nuevas opciones que permitan responder con rapidez a los fenómenos cósmicos, mientras las misiones actuales contribuyen a cubrir ese cometido.
La nave LINK fue lanzada el 3 de julio mediante un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman desde el atolón de Kwajalein, en el Pacífico Sur. Tras el lanzamiento, los equipos establecieron comunicación con la nave y realizaron las comprobaciones en órbita durante las semanas siguientes.
Durante la fase de puesta en servicio comenzaron a detectarse problemas relacionados con el control de actitud de LINK, que finalmente han impedido ejecutar el plan inicial de captura y elevación de la órbita de Swift.
A pesar de ello, la misión continuará con el intento de realizar operaciones de encuentro y proximidad con el observatorio. La Nasa considera que estas actividades pueden proporcionar datos relevantes para el desarrollo de futuras capacidades de servicio de satélites.
Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de Nasa, destacó que se trataba de una misión de alto riesgo y potencial recompensa, desarrollada además en un plazo excepcionalmente reducido debido a la actividad solar. El responsable señaló que, aunque se esperaba prolongar las operaciones científicas de Swift, los resultados obtenidos hasta ahora y los datos que pueda aportar el intento de aproximación mantienen el valor de la misión.
La agencia también subraya que el desarrollo, las pruebas y la operación de LINK han contribuido a reforzar las capacidades de la industria espacial estadounidense en materia de servicio en órbita. Para la Nasa, el trabajo realizado junto a Katalyst permitirá seguir avanzando en operaciones de mantenimiento y servicio espacial y en tecnologías destinadas a ampliar las posibilidades de las futuras misiones.










