Boeing ha validado una nueva capacidad avanzada del sistema aéreo de combate colaborativo MQ-28, al confirmar su rendimiento en materia de baja detectabilidad radar, una característica clave que refuerza su perfil furtivo y su capacidad de supervivencia en entornos de combate.
El MQ-28 Ghost Bat está diseñado para operar junto a aeronaves tripuladas existentes, desempeñando funciones como vigilancia, guerra electrónica y multiplicación de fuerzas. Su arquitectura está concebida para mantener una firma radar reducida, lo que le permite operar con mayor discreción en escenarios de alta complejidad operativa.
La validación de esta capacidad supone un nuevo avance en la madurez del sistema, al tiempo que refuerza su posicionamiento como plataforma orientada a ofrecer capacidades avanzadas a un coste optimizado para operaciones aéreas modernas.
Uno de los elementos centrales de esta evaluación ha sido la realización de pruebas de sección transversal radar (Radar Cross Section, RCS), diseñadas para medir de forma objetiva la detectabilidad del MQ-28. Estos ensayos proporcionan datos repetibles sobre su supervivencia y riesgos de detección, y permiten validar diseños, modelos y configuraciones del sistema.
La información obtenida se utiliza además para apoyar procesos de adquisición y certificación, así como para orientar el desarrollo de tácticas operativas y medidas de contrarresto.
Según los resultados de estas pruebas, la reducción de la sección radar del MQ-28 disminuye el alcance al que los sistemas enemigos pueden detectarlo y comprometerlo, lo que incrementa su capacidad de supervivencia en entornos disputados. La validación confirma también la eficacia de las decisiones de diseño, producción y selección de materiales orientadas a minimizar la firma radar.
Las pruebas RCS han analizado distintas configuraciones del aparato dentro de cámaras de ensayo, incluyendo variaciones de actitud como cabeceo, guiñada y alabeo, con el objetivo de evaluar su comportamiento frente a la detección en múltiples ángulos.
Evolución operativa del MQ-28
El programa MQ-28 inició su desarrollo en 2017 y realizó su primer vuelo en 2021. Desde entonces, ha acumulado más de 150 vuelos y diversas demostraciones operativas.
Entre estas demostraciones se incluyen ensayos de interoperabilidad con aeronaves como el E-7A Wedgetail, así como operaciones conjuntas con múltiples unidades MQ-28 en vuelo. También se han realizado pruebas de integración con aviones como el F/A-18F en escenarios de combate simulados, incluyendo el empleo autónomo de capacidades de ataque contra objetivos aéreos.
El sistema ha sido desplegado en bases operativas como Tindal, donde ha demostrado capacidad de operación en entornos no habituales, y ha realizado vuelos de prueba internacionales en Point Mugu, California, con el objetivo de validar operaciones autónomas, despliegue rápido y sostenido en ubicaciones aliadas.
Desde la compañía, Brad Thompson ha subrayado que la combinación de una plataforma de altas prestaciones, capacidades furtivas, autonomía avanzada e inteligencia artificial ofrece a las fuerzas aéreas una mayor flexibilidad operativa y una extensión significativa de su eficacia en misión.
El MQ-28 se enmarca así en el concepto de combate colaborativo, en el que sistemas no tripulados actúan como multiplicadores de fuerza, integrados con aeronaves tripuladas para ampliar las capacidades de vigilancia, ataque y superioridad operativa en entornos complejos.
La validación de su firma radar supone un nuevo hito en la evolución del programa, reforzando su posicionamiento como uno de los desarrollos clave en el ámbito de los sistemas aéreos autónomos de combate.











