El 17 de mayo, un cohete Electron despegó del Complejo de Lanzamiento 1, en Māhia (Nueva Zelanda), con el satélite japonés QPS‑SAR‑10 a bordo. La misión, bautizada The Sea God Sees, fue el tercer lanzamiento que Rocket Lab realiza para la empresa nipona Institute for Q‑shu Pioneers of Space (iQPS) y el segundo de un contrato que prevé ocho vuelos entre 2025 y 2026. El objetivo: desplegar con rapidez una constelación comercial de radar de apertura sintética (SAR).
Solo han pasado 62 días desde que otro Electron pusiera en órbita el QPS‑SAR‑9 (Susanoo‑I). Con esta cadencia, iQPS aspira a contar con una red de satélites capaz de ofrecer imágenes SAR de alta resolución y revisitaciones de menos de 10 minutos sobre cualquier punto del planeta. El satélite de 575 kilogramos se liberó sin incidencias en una órbita heliosincrónica de 575 kilómetros.
La empresa de Sir Peter Beck vuelve a exhibir un 100% de éxito en 2025, reforzando el posicionamiento de Electron como lanzador de referencia para cargas pequeñas y medianas que requieren inserciones orbitales a medida. “La clave en un despliegue de constelaciones es la regularidad y la exactitud; Electron vuelve a entregar ambas”, subrayó Beck tras el lanzamiento.
El calendario mantiene la presión: el cuarto vuelo para iQPS está previsto “no antes de junio” y habrá otros tres antes de que acabe el año. Los dos restantes se ejecutarían en 2026, completando así las ocho entregas contratadas.
iQPS, con sede en Fukuoka, persigue un malla de al menos 36 satélites capaz de proporcionar imágenes de un metros de resolución con independencia de la cobertura nubosa o la iluminación solar. El CEO, Dr. Shunsuke Onishi, destacó la “agilidad” de Rocket Lab para sostener el ritmo de integración: “Haber puesto Wadatsumi‑I en órbita apenas dos meses después de Susanoo‑I demuestra el grado de madurez de la cooperación”.
Mientras Electron mantiene la producción en serie, Rocket Lab avanza en Neutron, su lanzador reutilizable de media capacidad (15 t a LEO), y en el desarrollo de etapas superiores más versátiles. Para 2025, la compañía prevé superar la barrera de 15 misiones anuales, buena parte de ellas para operadores de constelaciones SAR, IoT y meteorología.
Con The Sea God Sees ya cumplida, el reloj vuelve a correr: la plataforma de Māhia se prepara para otro giro rápido de operaciones, confirmando que la logística y la automatización son tan críticas como la propulsión en la nueva economía espacial.











