El cohete Space Launch System (SLS) de la Nasa, pieza clave del programa Artemisa, se prepara para enviar a cuatro astronautas en la misión Artemisa II alrededor de la Luna el próximo año. Aunque a simple vista el cohete parece idéntico al que voló con éxito en Artemisa I, la agencia ha incorporado mejoras internas y externas para aumentar su seguridad, fiabilidad y capacidades operativas.
La misión Artemisa I superó con precisión todos los parámetros de rendimiento y estabilidad estructural, aportando una valiosa base de datos que los ingenieros han utilizado para perfeccionar el diseño del SLS. Ahora, para Artemisa II, se han introducido cambios destinados a optimizar la experiencia de vuelo de la tripulación y cumplir con requisitos específicos de la misión.
Entre las principales mejoras destaca la incorporación de objetivos ópticos en la etapa de propulsión criogénica intermedia (ICPS), que servirán de referencia visual a los astronautas al maniobrar manualmente la nave Orion en prácticas de acoplamiento. Además, se ha mejorado el sistema de navegación y se han reubicado antenas para asegurar comunicaciones continuas con las estaciones terrestres y con la Space Launch Delta 45 de la Fuerza Espacial estadounidense.
En términos de seguridad, el ICPS ahora incluye un sistema de detección de emergencias capaz de alertar a la tripulación ante posibles anomalías y coordinar la activación del sistema de escape de Orion. También se ha añadido un retraso en la secuencia de autodestrucción del cohete, otorgando más tiempo para que la cápsula se aleje de forma segura en caso de aborto.
Otras modificaciones técnicas incluyen un mayor ángulo en los motores de separación de los propulsores sólidos para incrementar la distancia respecto al resto del cohete y la liberación de estos propulsores cuatro segundos antes que en Artemisa I. Esta variación permitirá evaluar si esa maniobra puede aportar hasta 1.600 libras adicionales de carga útil en futuras misiones.
Finalmente, para reducir las vibraciones detectadas en Artemisa I, se han añadido deflectores aerodinámicos y se ha reforzado la electrónica del cohete para soportar condiciones más exigentes. Asimismo, se actualizó la unidad de distribución eléctrica para mejorar la protección de todos los sistemas.
Con estas mejoras, Artemisa II se perfila como un paso decisivo en la campaña Artemisa, allanando el camino hacia misiones tripuladas en la superficie lunar y, a largo plazo, hacia el primer viaje humano a Marte.











