La Nasa continúa utilizando el ensayo en vuelo como una de sus principales herramientas para desarrollar nuevas tecnologías aeronáuticas y reducir los riesgos asociados a su futura implantación. En este ámbito, el Dale Reed Subscale Flight Research Laboratory, ubicado en el Centro de Investigación de Vuelo Armstrong, en Edwards (California), desempeña un papel clave al utilizar aeronaves subescala, pilotadas de forma remota o autónoma, como plataformas de bajo coste para validar conceptos antes de su aplicación en aviones de tamaño real.
El laboratorio dispone de varias aeronaves adaptadas a diferentes tipos de ensayos. Entre ellas se encuentran el cuadricóptero Alta-X, el DROID (Dryden Remotely Operated Integrated Drone), con una envergadura de tres metros, el avión de ala fija Multi-Use Cub, de algo más de cuatro metros de envergadura y capacidad para incorporar diferentes cargas útiles, y el cuadricóptero HQ-90, destinado a investigaciones relacionadas con aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical (eVTOL).
Una vez que las aeronaves y los experimentos reciben la autorización para operar, los pilotos del laboratorio se encargan tanto de las operaciones en tierra como de los vuelos de prueba, participando además en la integración de los equipos necesarios para cada misión.
Uno de los proyectos apoyados recientemente por el laboratorio ha sido FireSense, desarrollado en el bosque estatal de Geneva, en Alabama. Para esta misión, los investigadores integraron instrumentos meteorológicos en un dron Alta-X con el objetivo de recopilar información local sobre las condiciones atmosféricas que influyen en el comportamiento del humo y la propagación de los incendios forestales. Según la Nasa, estos datos pueden ayudar a los organismos responsables de la gestión de emergencias a mejorar la toma de decisiones y optimizar el despliegue de recursos durante los incendios.
Otro de los programas desarrollados ha sido EPIC (Enhancing Parachutes by Instrumenting the Canopy), centrado en el estudio de paracaídas supersónicos. En este proyecto, el laboratorio utilizó un Alta-X para lanzar una cápsula equipada con un paracaídas y sensores flexibles. El equipo participó tanto en el diseño del mecanismo de lanzamiento como en la integración de los sistemas de seguridad y en las operaciones de vuelo.
Los ensayos demostraron el potencial de estos sensores para obtener información que permita mejorar los modelos informáticos utilizados en el diseño de paracaídas supersónicos. La Nasa considera que esta línea de investigación puede contribuir al desarrollo de sistemas más seguros y fiables para el envío de instrumentos científicos y cargas útiles a Marte.
Más allá del apoyo a proyectos concretos, el laboratorio trabaja en el desarrollo de tecnologías con aplicaciones de largo recorrido. Entre ellas figura la evolución de los sistemas automáticos de prevención de colisiones contra el terreno. Tras décadas de investigación conjunta con distintos socios, la Nasa logró demostrar que un piloto automático podía detectar y evitar de forma autónoma un impacto inminente contra el suelo, una tecnología que actualmente contribuye a aumentar la seguridad de los aviones militares estadounidenses de altas prestaciones.
Sobre esa base, el centro Armstrong desarrolló una versión simplificada del sistema Automatic Ground Collision Avoidance System, instalada y probada en el DROID. Diseñada para aeronaves de aviación general, plataformas pilotadas remotamente y vehículos autónomos, esta solución ha servido para continuar investigando nuevas funciones de alerta y guiado. La Oficina de Transferencia Tecnológica del centro trabaja actualmente para licenciar esta tecnología a empresas estadounidenses con vistas a su futura comercialización.
El laboratorio también ha participado en el diseño, fabricación y ensayo del planeador de ala volante Prandtl-D. Las investigaciones demostraron que su configuración de alas torsionadas permite reducir la resistencia aerodinámica y generar empuje en los extremos alares, una solución que podría favorecer una mayor eficiencia energética en futuras aeronaves. El primer prototipo forma parte actualmente de la colección del Smithsonian National Air and Space Museum de Washington, mientras que el modelo Prandtl-D3 se conserva en el California Science Center de Los Ángeles. La investigación sobre esta configuración continúa en el laboratorio.
Para apoyar este tipo de desarrollos, el Dale Reed Subscale Flight Research Laboratory dispone de capacidades de diseño rápido, fabricación mediante técnicas convencionales y avanzadas de impresión 3D, construcción de estructuras en materiales compuestos, integración de hardware y software, así como procesos de certificación y preparación para el vuelo.
Estas capacidades se complementan con otras instalaciones técnicas del Centro Armstrong, entre ellas la Experimental Fabrication Branch y el Environmental Laboratory, que participan en las actividades de desarrollo, ensayo y validación de nuevas tecnologías destinadas a impulsar los objetivos de la Nasa en los ámbitos de la aeronáutica, la ciencia y la exploración espacial.











