La industria aeroespacial española atraviesa una etapa de crecimiento sostenido que contrasta con una dificultad cada vez más evidente: la falta de profesionales cualificados para acompañar esa expansión. El sector necesitará incorporar entre 8.000 y 13.000 nuevos técnicos de mantenimiento aeronáutico (TMA) en los próximos 10 años, frente a las 5.288 licencias activas EASA Parte-66 existentes actualmente, según el Informe de la Situación del Empleo en el Sector Aeroespacial (2026), elaborado por Synergie España.
La dimensión del sector explica buena parte de esta presión sobre el mercado laboral. Las industrias de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio facturaron en España 16.153 millones de euros, un 16,2% más que el año anterior, y aportaron 21.919 millones de euros al PIB, equivalentes al 1,4% del PIB nacional. El conjunto de estas actividades genera más de 260.050 empleos directos, indirectos e inducidos. Dentro de ellas, la aeronáutica concentra 176.090 trabajadores, situando a España como la cuarta potencia aeroespacial europea por ventas y empleo.
Sin embargo, el crecimiento de la actividad está poniendo de manifiesto las dificultades para disponer de determinados perfiles técnicos. El mantenimiento aeronáutico se encuentra entre las áreas donde la tensión resulta más evidente.
Mantenimiento, el principal foco de demanda
España alcanzó la cifra récord de 1,76 millones de vuelos comerciales, mientras el aumento del tráfico y la expansión de las flotas incrementan la necesidad de profesionales especializados. Técnicos de mantenimiento con licencias B1/B2, mecánicos de estructuras y materiales compuestos, montadores y soldadores certificados, ingenieros de aviónica y especialistas en calidad se encuentran entre los perfiles más demandados.
La dificultad para cubrir estas posiciones no se limita a la disponibilidad de candidatos. La propia naturaleza de la actividad establece unos requisitos de acceso elevados. Las empresas necesitan profesionales con habilitaciones, certificaciones oficiales y experiencia práctica previa, una combinación que reduce el número de trabajadores disponibles para incorporarse de forma inmediata.
“El principal reto del sector ya no es únicamente generar puestos de trabajo, sino encontrar profesionales que cuenten con las habilitaciones, certificaciones oficiales y experiencia real que requiere una industria tan regulada”, señala Maria Luaces, directora de Synergie Aero y Head of Talent Solutions de Synergie España.
La previsión de entre 8.000 y 13.000 nuevas incorporaciones en la próxima década evidencia la magnitud del desafío. El parque actual de técnicos con licencia EASA Parte-66, poco más de 5.200 profesionales, queda lejos de las necesidades previstas por la evolución de la actividad.
A la demanda de profesionales técnicos se suma una transformación tecnológica que está modificando las capacidades que requiere la industria. El 81% de las empresas del sector ya emplea o planea emplear inteligencia artificial y machine learning, según los datos de Deloitte recogidos en el informe.
El uso de estas tecnologías se concentra principalmente en ámbitos como el mantenimiento predictivo, la optimización de inventarios y la gestión de flotas. Su progresiva implantación está generando, a su vez, una mayor demanda de especialistas en inteligencia artificial aplicada a la aeronáutica, análisis de datos, ciberseguridad de sistemas críticos y tecnologías de descarbonización.
El cambio no se limita a la aparición de nuevos puestos. También está aumentando el valor de los perfiles capaces de combinar conocimientos aeronáuticos con competencias digitales. La evolución tecnológica hace que la formación técnica deba acompañar a las necesidades de una industria cada vez más digitalizada.
La presión salarial dificulta la retención
La escasez de profesionales especializados tiene también una repercusión directa sobre los salarios. Un técnico de mantenimiento aeronáutico con licencia EASA B1/B2 alcanza una remuneración media estimada de 48.000 euros brutos anuales, un 62,5% por encima del salario medio nacional de referencia, situado en 29.540 euros. Las posiciones white collar relacionadas con inteligencia artificial, gestión de programas o ciberseguridad superan asimismo la media nacional entre un 35% y un 52%.
Pese a estas diferencias respecto al conjunto del mercado laboral español, las empresas nacionales afrontan además la competencia de otros polos aeroespaciales europeos. Un ingeniero aeroespacial junior percibe en España entre 22.000 y 32.000 euros anuales, frente a los 35.000-48.000 euros de Francia y los 40.000-55.000 euros de Alemania.
Las diferencias se mantienen en los perfiles con mayor experiencia. En el nivel sénior, la remuneración alcanza los 75.000 euros en España, frente a los 90.000 euros de Alemania y los 136.000 euros de Estados Unidos.
Esta brecha dificulta la retención del talento formado en España y añade presión a las compañías que necesitan consolidar equipos especializados para sostener su crecimiento.
Según el informe de Synergie, las empresas que presentan mejores resultados en fidelización también desarrollan itinerarios de carrera, programas de formación y certificaciones, sistemas de mentorización, medidas de flexibilidad y políticas vinculadas al bienestar. La cuestión adquiere especial relevancia en una industria en la que la experiencia y el conocimiento técnico requieren años de desarrollo. La pérdida de profesionales con experiencia no supone únicamente cubrir una vacante, sino también reemplazar unas capacidades que necesitan tiempo para volver a consolidarse.
Por ello, la gestión del talento interno se convierte en un elemento estrechamente ligado a la capacidad de crecimiento de las compañías. La formación continua y las posibilidades de evolución profesional aparecen como herramientas para competir por unos perfiles que también encuentran oportunidades fuera de España.
La escasez de profesionales también pone el foco en las vías de acceso a la industria. La percepción de que para trabajar en el sector aeroespacial es necesario pasar por la universidad continúa alejando a jóvenes de las opciones de Formación Profesional, pese a que las titulaciones técnicas presentan una empleabilidad cercana al 100%.
La FP Dual aparece así como una de las alternativas para ampliar la cantera de profesionales y acercar la formación a las necesidades reales de las empresas. La agilización de las certificaciones constituye otro de los retos señalados ante la necesidad de aumentar el número de trabajadores que puedan incorporarse al mercado laboral.
La incorporación de mujeres representa igualmente un margen de crecimiento. Actualmente, las mujeres suponen solo el 23% del empleo directo del sector en España, según los datos de TEDAE. La brecha se mantiene en las etapas formativas: apenas el 10% del alumnado de Formación Profesional en ramas técnicas son mujeres y solo el 25% cursa estudios de ingeniería aeroespacial.
La industria afronta, por tanto, el reto de ampliar el número de personas que acceden a las profesiones técnicas y, al mismo tiempo, favorecer que quienes ya forman parte del sector desarrollen su carrera en él.
“La industria no puede limitarse a competir por el talento que ya existe, sino que debe contribuir a crearlo. Potenciar la FP Dual, agilizar las certificaciones y atraer a más mujeres hacia las titulaciones técnicas es clave para el crecimiento del sector”, concluye Luaces.
El desafío laboral se presenta así en paralelo al crecimiento de una industria que ya tiene un peso relevante en la economía española. La evolución del tráfico aéreo, la expansión de las flotas y la incorporación de nuevas tecnologías seguirán elevando las necesidades de profesionales. La capacidad del sector para formar, atraer y retener ese talento será determinante para sostener la expansión prevista durante los próximos años.









22.000 euros un ingeniero
vaya chiste de país
tendrán cojones de quejarse de que falta personal