La astronauta estadounidense Christina Koch, integrante de la tripulación de la misión Artemisa II, que realizó un viaje tripulado alrededor de la Luna el pasado me de abril, recibió el pasado viernes en Oviedo de manos de la Princesa Leonor, el premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026.
“Reunido en Oviedo el jurado del Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026, acuerda conceder el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026 a la astronauta estadounidense Christina Koch porque su esfuerzo de superación personal ha contribuido a extender las fronteras de la humanidad, apoyada en un amplio trabajo colectivo, cuya ejemplaridad se proyecta a todos a través del mensaje de la misión espacial Artemisa II: ‘Tierra, sois un equipo’» según el acta del jurado del premio.
La carrera espacial de Koch comenzó en 2013, cuando fue seleccionada como una de los ocho integrantes de la 21 clase de astronautas de la Nasa. Completó su formación en 2015 y en marzo de 2019 viajó a la Estación Espacial Internacional (ISS), que fue Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2001, donde ejerció como ingeniera de vuelo en las Expediciones 59, 60 y 61, y contribuyó a numerosos experimentos en Biología, Ciencias de la Tierra y Tecnología, incluidas pruebas de bioimpresoras 3D en microgravedad.
La astronauta norteamericana, durante su intervención en la entrega de premios en el Teatro Campoamor, recordó su primer viaje a España, durante el cual tuvo conocimiento de la tragedia espacial en la que perdió la vida la tripulación del transbordador Columbia. “Viajar al espacio es un proyecto de toda la humanidad, y la noticia de la tragedia corría por las calles de todo el mundo. Nuestros embajadores de la Tierra, esos tripulantes de la nave espacial, habían hecho el sacrificio supremo y el mundo entero se puso de luto”.
“Por eso, cuando mi tripulación del Artemisa II se puso a definir sus valores fundamentales, se adoptó un lema que tenía sus raíces en lo que había aprendido: ‘Una misión de todos y para todos’. Lo repetimos una y otra vez, lo incorporamos al logo de nuestra misión y en nuestras interacciones”, añadió.
Y concluyó diciendo que “hoy quiero más. Quiero que el mundo entero acepte conmigo este premio. Por haber acogido esta misión en sus corazones y haber permitido que los uniese. Por creer que todos los seres humanos compartimos la misma esencia: la necesidad de sentir amor. De alguna manera, ese bote salvavidas azul eléctrico que flotaba de forma inverosímil, silenciosa, hipnótica –lo bastante pequeño como para esconderse detrás de un pulgar–, la Tierra, permitió evolucionar a una especie capaz de elegirse mutuamente. Ustedes lo demostraron con su reacción ante una misión que acabó siendo un experimento humano”.











