La preparación del aterrizaje del róver Rosalind Franklin en Marte entra en una fase clave con una intensa campaña de ensayos centrada en uno de los elementos más críticos de la misión ExoMars: las patas del módulo de descenso. Ingenieros europeos han estado sometiendo a pruebas de impacto un esqueleto a escala real del módulo de cuatro patas, dejándolo caer desde distintas alturas y a diferentes velocidades sobre superficies que simulan el terreno marciano.
Estas patas de aterrizaje constituyen un sistema esencial para garantizar una toma de contacto segura con la superficie del planeta rojo en la misión ExoMars Rosalind Franklin, cuyo lanzamiento está previsto actualmente para 2028 y cuyo aterrizaje se producirá en 2030. Junto con los paracaídas y los motores de descenso, las patas desempeñan un papel determinante en la fase final de la llegada a Marte.
Durante más de un mes, equipos de Thales Alenia Space y Airbus han llevado a cabo decenas de ensayos de caída vertical utilizando un modelo a escala real de la plataforma de aterrizaje en las instalaciones de ALTEC, en Turín (Italia). En el marco del programa, Thales Alenia Space actúa como responsable industrial principal de la misión, Airbus es el proveedor de la plataforma de aterrizaje y ALTEC aporta el soporte técnico a las pruebas.
Las patas, ligeras y desplegables, están interconectadas y equipadas con amortiguadores diseñados para absorber el impacto del aterrizaje. Durante la campaña de ensayos, las cuatro patas reproducen fielmente la estructura y las dimensiones de las que viajarán a Marte. Los equipos han tenido en cuenta múltiples escenarios posibles, incluyendo aterrizajes en ángulo o sobre superficies irregulares, como rocas, con el objetivo de validar el comportamiento del sistema en condiciones adversas.
Según explica Benjamin Rasse, responsable del equipo de la Agencia Espacial Europea (ESA) para el módulo de descenso de ExoMars, uno de los principales riesgos que se pretende evitar es que la plataforma vuelque al tocar la superficie marciana. “Lo último que se desea es que la plataforma se incline al llegar al suelo de Marte. Estas pruebas permitirán confirmar su estabilidad en el aterrizaje”, señala.
Sensores clave para el apagado de motores
Además de la resistencia estructural, la campaña ha servido para verificar el funcionamiento de los sensores de contacto con el suelo. Estos dispositivos, instalados en las cuatro patas, detectan la proximidad de la superficie y activan el apagado de los motores de descenso una vez que se ha producido un aterrizaje suave.
El tiempo de reacción de este sistema resulta crítico. Tras el contacto con el suelo, la nave necesita un breve intervalo para detener los motores. Si los sensores tardan demasiado en comunicarse con el sistema de propulsión, el chorro de los motores podría levantar polvo marciano y dañar la plataforma, o incluso provocar su vuelco.
El objetivo es reducir al máximo el tiempo de apagado, hasta un margen inferior a 200 milisegundos tras el contacto con la superficie. Según Rasse, los resultados obtenidos son positivos y los sensores están funcionando “holgadamente dentro de los límites necesarios para un aterrizaje seguro”.
A lo largo de más de una docena de pruebas de caída vertical, los equipos han ajustado con precisión la altura y la velocidad de los impactos, variándolas en pocos centímetros para reproducir diferentes condiciones de llegada. En esta primera fase, el modelo se ha dejado caer tanto sobre superficies duras como sobre terrenos blandos rellenos con un polvo que imita el suelo de Marte.
La composición química de este material es similar a la del suelo arenoso del planeta rojo y es el mismo que se emplea en las pruebas de movilidad del róver Rosalind Franklin. De este modo, los ensayos permiten evaluar de forma realista la interacción entre las patas del módulo de descenso y el terreno marciano.
Próximas fases de la campaña
En los próximos meses, el programa de ensayos continuará con nuevas pruebas más exigentes. La plataforma se dejará caer sobre un trineo a mayores velocidades para evaluar su estabilidad en caso de aterrizajes inclinados. Esta configuración requerirá mejoras adicionales en las medidas de seguridad de las instalaciones para proteger al personal implicado en la campaña.
Las grabaciones realizadas con cámaras de alta velocidad, junto con los datos recogidos por sensores, acelerómetros y sistemas láser instalados en el modelo, se integrarán en un modelo informático del módulo de aterrizaje y de sus patas. Mediante algoritmos de simulación, el equipo podrá recrear distintos escenarios de aterrizaje en Marte y confirmar la estabilidad del sistema en la cuenta atrás hacia el lanzamiento de la misión ExoMars.
Con esta campaña, Europa avanza en la validación de uno de los sistemas más delicados de la misión, reforzando la fiabilidad del aterrizaje del róver Rosalind Franklin y reduciendo los riesgos asociados a una de las fases más críticas de la exploración planetaria.











