Space Rider será la primera nave espacial europea reutilizable, informa la Agencia Espacial Europea (ESA). Este laboratorio robótico no tripulado permanecerá en órbita baja durante aproximadamente dos meses. Su bodega de carga permitirá realizar todo tipo de experimentos y operaciones. Al finalizar su misión, el módulo de reentrada de Space Rider regresará a la Tierra, planeando bajo un paracaídas hasta aterrizar en una pista.
Ninguna nave espacial operativa ha sido diseñada para un aterrizaje controlado con paracaídas, por lo que se están preparando pruebas exhaustivas. El modelo para la prueba de caída se construyó en Craiova, Rumania, en el Instituto Nacional de Investigación Aeroespacial Elie Carafoli (INCAS), antes de ser enviado al Centro Italiano de Investigación Aeroespacial (CIRA) en Capua, Italia. El CIRA es responsable del diseño, la integración y la implementación de la prueba de caída.
La aviónica -el «cerebro» de Space Rider- se instaló la segunda semana de marzo. Este ordenador alberga los algoritmos de guiado, navegación y control que dirigirán el parapente, adaptándose al viento -incluidas las ráfagas- para guiar a Space Rider hacia un aterrizaje suave.
Con un tamaño similar al de una furgoneta, el modelo de prueba de caída es una réplica a tamaño real del módulo de reentrada de 4,6 metros de longitud. En este modelo, el Space Rider aterriza sobre esquís con el tren de aterrizaje permanentemente abierto, ya que este mecanismo no forma parte de la prueba de caída.
Perfectamente doblado
Para completar el modelo de prueba de caída, el parapente se plegó e integró. El enorme parapente mide 27 metros de largo y 10 metros de ancho, unas 10 veces más grande de lo que necesitaría un parapente humano, ya que debe soportar los 2.950 kilogramos de Space Rider mientras planea hacia la Tierra.
El complejo proceso de plegado e integración duró tres semanas, utilizando una máquina diseñada a medida para prensar y empaquetar los paracaídas y parapentes. Si el despliegue falla durante la caída libre a kilómetros de altura sobre la Tierra, Space Rider no tendrá un aterrizaje suave.
Dos cabrestantes tiran de los cables de dirección del parapente, que están completamente controlados por la aviónica de la nave espacial: no interviene ningún ser humano.
“Es maravilloso ver cómo el módulo de reentrada de Space Rider va tomando forma de esta manera. Los equipos han estado trabajando durante años en este proyecto y, aunque se trata de un modelo de prueba, su aspecto y peso son muy similares a los del módulo real”, afirma Aldo Scaccia, director del segmento espacial de Space Rider de la ESA. “Los equipos están deseando poner a prueba este modelo y verlo volar y planear”.
Para probar la aproximación final al aterrizaje, el Space Rider será lanzado varias veces a finales de este año desde un helicóptero que volará a una altitud de hasta tres kilómetros sobre el campo de pruebas de Salto di Quirra en Cerdeña, Italia.











