Las compañías aéreas afrontan la temporada de verano de 2026 con previsiones de crecimiento moderado, aunque bajo un escenario marcado por la volatilidad económica y geopolítica. Según la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), el sector ha programado un 5,7% más de asientos entre abril y octubre respecto al mismo periodo del año anterior, reflejando una evolución positiva de la demanda.
En lo que va de ejercicio, el tráfico aéreo mantiene una tendencia al alza, con 65,63 millones de pasajeros acumulados, lo que supone un incremento del 3,2% en comparación con el mismo periodo de 2025. Este comportamiento respalda el optimismo del sector de cara a la campaña estival, tradicionalmente uno de los momentos de mayor actividad.
No obstante, las aerolíneas combinan estas previsiones con una gestión prudente, ajustando sus estrategias para preservar la rentabilidad ante posibles perturbaciones. El presidente de ALA, Javier Gándara, ha subrayado esta dualidad al señalar que, si bien las cifras son positivas, “deben abordarse con cautela ante el encarecimiento del queroseno y la incertidumbre geopolítica”. En este contexto, recomienda a los viajeros anticipar la compra de billetes para acceder a mejores condiciones.
Uno de los principales factores de riesgo para el sector es el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre el precio del combustible. El coste del queroseno se ha duplicado respecto a los niveles previos al inicio del conflicto, lo que introduce una elevada volatilidad en un componente que representa en torno al 30% de los costes operativos de las aerolíneas. Aunque algunas compañías han logrado amortiguar este impacto mediante contratos de cobertura, el entorno sigue siendo incierto.
En el caso de España, ALA destaca que no se prevén problemas de suministro a corto plazo. La dependencia del crudo procedente de Oriente Medio es limitada, con un 11% del total de importaciones, y más del 80% del queroseno de aviación consumido en el país se produce en refinerías nacionales. Sin embargo, el sector advierte de posibles efectos indirectos en los vuelos internacionales si la situación se prolonga o se intensifica en otras regiones.
Ante este escenario, la asociación pone el foco en la necesidad de avanzar hacia una mayor soberanía energética, con especial atención al desarrollo de combustibles sostenibles de aviación (SAF). Más allá de su contribución a la descarbonización, el SAF se presenta como una herramienta para reducir la dependencia externa y reforzar la resiliencia del sector.
No obstante, su despliegue enfrenta aún importantes retos económicos, ya que su coste se sitúa actualmente entre tres y seis veces por encima del queroseno convencional. Por ello, ALA insta a las administraciones a impulsar incentivos que favorezcan tanto su producción como su consumo, en un esfuerzo coordinado entre el sector público y privado.
Desde la asociación se subraya que España cuenta con una posición favorable para liderar el desarrollo de SAF en Europa, gracias a la disponibilidad de materias primas como residuos sólidos urbanos, biomasa o residuos vegetales, así como a su potencial en energías renovables, clave para el desarrollo de combustibles sintéticos avanzados.
En conjunto, el sector aéreo encara el verano con expectativas de crecimiento, pero condicionado por un entorno de incertidumbre que refuerza la necesidad de avanzar en eficiencia operativa y en soluciones energéticas sostenibles a largo plazo.










