La Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) ha fijado para el próximo 5 de julio de 2026 una nueva etapa en la misión extendida de la sonda Hayabusa2. Ese día, la nave realizará un sobrevuelo de observación del asteroide Torifune, una maniobra diseñada para poner a prueba tecnologías clave de navegación y avanzar en las capacidades de defensa planetaria.
Según el calendario establecido por la agencia japonesa, el acercamiento tendrá lugar alrededor de las 18:30 horas (JST). Durante la operación, Hayabusa2 pasará a una distancia aproximada de un kilómetro del centro del asteroide y lo hará a una velocidad relativa cercana a los cinco kilómetros por segundo.
La maniobra constituye uno de los hitos más relevantes de la fase actual de la misión, que comenzó tras el exitoso regreso de la sonda a la Tierra en diciembre de 2020. Con este nuevo objetivo, JAXA busca aprovechar las capacidades de una plataforma que ya protagonizó algunos de los mayores logros de la exploración de pequeños cuerpos celestes.
Hayabusa2 fue lanzada en diciembre de 2014 a bordo de un cohete H-IIA. La nave alcanzó el asteroide Ryugu en junio de 2018, donde desarrolló una ambiciosa campaña científica que incluyó la creación de un cráter artificial en la superficie del asteroide, una operación sin precedentes en la exploración espacial.
Tras completar su misión principal, la sonda regresó a la Tierra transportando muestras del material de Ryugu, que fueron entregadas con éxito en diciembre de 2020. Lejos de concluir su actividad, la nave inició entonces una misión extendida que la mantiene operativa en el espacio profundo.
El sobrevuelo de Torifune forma parte de esta nueva fase de exploración y servirá para validar tecnologías que podrían resultar fundamentales en futuras operaciones sobre asteroides.
Un ensayo para futuras misiones de defensa planetaria
Uno de los principales objetivos de la aproximación a Torifune es demostrar la precisión de los sistemas de guiado orbital de la nave y obtener datos que permitan perfeccionar las técnicas necesarias para modificar de forma intencionada la trayectoria de pequeños cuerpos celestes.
La misión adquiere especial relevancia en el contexto de la defensa planetaria, un ámbito centrado en la detección, seguimiento y eventual mitigación de objetos que puedan representar una amenaza de impacto para la Tierra. JAXA considera que el sobrevuelo proporcionará información valiosa para futuras tecnologías destinadas a dirigir con precisión una sonda hacia un asteroide. La experiencia obtenida contribuirá al desarrollo de capacidades que podrían utilizarse en futuras estrategias internacionales para prevenir colisiones con nuestro planeta.
La defensa planetaria se ha convertido en una cuestión de interés global debido a que un posible impacto de gran magnitud tendría consecuencias que trascenderían las fronteras nacionales. Por ello, los programas relacionados con esta disciplina se desarrollan en el marco de la cooperación internacional impulsada desde Naciones Unidas.
El sobrevuelo de Torifune representa además un paso intermedio hacia el objetivo final de la misión extendida de Hayabusa2: el encuentro con el asteroide 1998 KY26 en 2031. Este pequeño cuerpo celeste, cuyo diámetro se estima en torno a los 30 metros, será objeto de una exploración de encuentro que JAXA considera pionera a nivel mundial. La misión pretende estudiar en detalle las características físicas de un asteroide ultracompacto y de rápida rotación.
La agencia japonesa destaca la importancia de comprender la naturaleza de este tipo de objetos, ya que algunos podrían sobrevivir parcialmente a su entrada en la atmósfera terrestre y alcanzar la superficie. Determinar si se trata de estructuras monolíticas o de agregados de fragmentos rocosos resulta esencial para diseñar futuras estrategias de mitigación de impactos.
Con el sobrevuelo de Torifune, Hayabusa2 inicia una nueva etapa en un programa que combina exploración científica, desarrollo tecnológico y preparación para futuros desafíos de defensa planetaria. Una década después de su lanzamiento, la sonda japonesa continúa ampliando los límites del conocimiento sobre los pequeños cuerpos del Sistema Solar y las herramientas necesarias para interactuar con ellos.











