El pasado lunes, Air France recibió en París su 46 Airbus A220-300, entregado desde la planta de Airbus en Mirabel, Canadá. Este vuelo marcó una primicia: el avión se entregó con un 50% de combustible de aviación sostenible (SAF), certificado directamente por Airbus. Este hito refleja el compromiso del Grupo Air France-KLM de acelerar la descarbonización del transporte aéreo.
El combustible de aviación sostenible (SAF) desempeña un papel central en la reducción de la huella de carbono del transporte aéreo, permitiendo al menos una reducción del 65% en las emisiones de CO2 durante todo el ciclo de vida en comparación con el combustible para aviones convencional.
Air France-KLM se encuentra entre los tres principales usuarios de SAF del mundo y aplica una política de abastecimiento estricta: solo se selecciona el combustible que no compite con el suministro de alimentos humanos, no contribuye a la deforestación y no se produce a partir de aceite de palma.
Otra iniciativa conjunta entre el Grupo y el fabricante: Air France-KLM y Airbus han firmado un acuerdo que permite a los empleados de Airbus reducir la huella de carbono de sus viajes de negocios apoyando la producción de combustible de aviación sostenible. Este compromiso voluntario forma parte del programa «SAF Corporate» de Air France-KLM, que facilita la financiación y la compra de SAF. Desde su incorporación al programa en noviembre de 2023, Airbus ha reducido sus emisiones en más de 2.000 toneladas de CO2 mediante la compra de más de 670 toneladas de SAF.
La renovación de la flota es un pilar fundamental de la estrategia de transformación del Grupo. Con una reducción del 20% en el consumo de combustible y las emisiones de CO2 por asiento-kilómetro en comparación con los aviones de la generación anterior, el Airbus A220 encarna esta ambición.
Air France-KLM tiene pedidos en firme de casi 200 aviones de nueva generación (A220, A320neo, A321neo, A350 y Boeing 787) y solo en 2024 el grupo recibió 41 aviones de nueva generación entre todas sus aerolíneas. Estas importantes inversiones -que suman más de 2.000 millones de euros al año- contribuyen a que la flota, de aquí a 2030, pueda estar compuesta hasta en un 80% por aviones de nueva generación.











