La última mesa redonda del Congreso del Espacio del martes 19 de mayo debatió sobre los grandes programas que Europa debería impulsar en la próxima década, en un contexto marcado por el cambio climático, la creciente competencia industrial, la necesidad de resiliencia y el refuerzo de la autonomía estratégica.
El punto de partida lo marcó la constatación de un momento considerado “extraordinario” para el sector espacial europeo, con el incremento de la contribución de varios Estados miembros en la última ministerial de la Agencia Espacial Europea (ESA). A partir de ahí, el debate se articuló en torno a qué programas deben convertirse en los auténticos ejes vertebradores del futuro espacial del continente.
Entre las intervenciones, se repitió una idea central: Europa debe consolidar una arquitectura basada en tres grandes pilares. Por un lado, la evolución de los sistemas de navegación, con la segunda generación de Galileo como referencia y el desarrollo de capacidades asociadas a la navegación y a los servicios gubernamentales y críticos.
En paralelo, Juan Ramón López Caravantes, jefe del Departamento de Comunicaciones Seguras de EUSPA, subrayó la necesidad de reforzar la observación de la Tierra, destacando su evolución desde un componente institucional hacia un auténtico vector de negocio y servicio, con impacto directo en aplicaciones civiles, agrícolas, marítimas y de seguridad. En este ámbito, mencionó explícitamente los sistemas vinculados a Copérnico, señalados como uno de los grandes éxitos europeos, así como la relevancia operativa de servicios como EGNOS, ya desplegados en cientos de aeropuertos y aplicaciones de alta precisión.
IRIS2, el gran programa estructural
El tercer gran eje, emergente en el debate, fue la conectividad segura. En este contexto, el programa IRIS2, al que varios participantes atribuyeron un carácter transformador, fue descrito como la pieza que completa el ecosistema europeo al aportar una capa de comunicaciones seguras, interoperables y concebidas desde su origen con criterios de seguridad.
El programa IRIS fue uno de los elementos más destacados de la mesa. Se definió como un sistema multiorbita, con arquitectura orientada a la resiliencia y con capacidad de integrar conectividad segura para aplicaciones críticas. Javier Ventura, Lunar Navigation & Science Manager de la ESA, subrayó que su principal valor reside en incorporar desde su diseño elementos de seguridad y criptografía, así como en su vocación de cadena de aprovisionamiento íntegramente europea. Este enfoque, según los intervinientes, permitiría reforzar la competitividad industrial del continente y consolidar una autonomía tecnológica más sólida.
También se puso el acento en su dimensión industrial y estratégica, al considerarse un programa capaz de impulsar nuevas capacidades dentro de la industria europea y de generar un efecto tractor sobre la cadena de valor.
Más allá de los programas concretos, el debate giró en torno a las condiciones que deben cumplir las futuras iniciativas espaciales europeas. Entre ellas, Javier Izquierdo, director de Estrategia de Hispasat, destacó la necesidad de que sean sostenibles, que generen cadenas industriales completas en Europa y que contribuyan a reforzar la autonomía estratégica.
En este sentido, se insistió en que la observación de la Tierra debe consolidarse como un ámbito de negocio, mientras que la navegación y la conectividad deben evolucionar hacia sistemas cada vez más integrados, seguros y orientados tanto a usuarios civiles como gubernamentales.
También se incluyeron referencias a ámbitos como la seguridad, la defensa y el desarrollo de tecnologías futuras, incluyendo la exploración lunar y nuevas soluciones de propulsión, tanto eléctricas como nucleares, como parte del ecosistema de capacidades estratégicas en desarrollo.
Defensa, espacio y el nuevo contexto geopolítico
Uno de los ejes más recurrentes fue la creciente interrelación entre defensa y espacio. Varios participantes coincidieron en que el contexto geopolítico está acelerando tanto la implementación de programas como la orientación de los servicios hacia usos duales. En este sentido, Pedro Romero Fernández, Policy Officer de la Comisión Europea, describió un escenario en el que el “espacio para la defensa” y la “defensa del espacio” ganan peso de forma simultánea. En el primer caso, con el impulso de aplicaciones para usuarios militares y gubernamentales dentro de programas como Galileo, la observación de la Tierra o los futuros servicios asociados a IRIS2. En el segundo, con el desarrollo de capacidades de vigilancia del entorno espacial (SSA) y de protección frente a amenazas cibernéticas y operativas, incluyendo iniciativas como Spacehield.
El debate también hizo referencia al recorrido histórico de los grandes programas europeos. Se recordó el éxito de Galileo, hoy considerado uno de los sistemas de navegación más avanzados del mundo, y la consolidación de Copérnico como referencia global en observación de la Tierra. Se puso en valor el papel de la Agencia Espacial Europea, como actor clave en la coordinación de estos programas, junto con la Comisión Europea y los Estados miembros, destacando la colaboración como un elemento estructural del modelo europeo.
Financiación y velocidad de ejecución: el gran debate pendiente
Durante la mesa se identificaron dos grandes retos estructurales: la financiación y la velocidad de ejecución. Ambos fueron señalados como factores determinantes para que Europa pueda mantener su competitividad en el sector espacial. Se advirtió de la necesidad de alinear mejor las prioridades políticas con los recursos disponibles, así como de reforzar el capital riesgo europeo para permitir el crecimiento de nuevas empresas tecnológicas capaces de competir globalmente.
También se subrayó que el peso económico de Europa debería reflejarse de forma más proporcional en su ambición espacial, tanto en términos de inversión como de capacidad industrial.
En el ámbito de la exploración espacial, se defendió la necesidad de reforzar la ambición europea, tanto en programas lunares como en misiones de mayor alcance. Se mencionaron iniciativas como Moonlight y la importancia de redefinir el papel de Europa en este ámbito, pasando de una posición de acompañamiento a una mayor autonomía operativa.
También se destacó la relevancia de diversificar socios internacionales, incluyendo colaboraciones con agencias espaciales de Japón, Corea, India y China, como parte de una estrategia de equilibrio global.











