La sonda Van Allen Probe A de la Nasa reentró en la atmósfera terrestre a las 6:37 a.m. EDT del miércoles 11 de marzo, casi 14 años después de su lanzamiento. La reentrada se produjo sobre la región del Pacífico oriental, aproximadamente a dos grados de latitud sur y 255,3 grados de longitud este, según confirmó la United States Space Force.
La agencia espacial estadounidense esperaba que la mayor parte de la nave se desintegrara durante su paso por la atmósfera, aunque algunos componentes podrían haber sobrevivido al proceso de reentrada.
Las sondas Van Allen fueron diseñadas para estudiar los cinturones de radiación que rodean la Tierra, conocidos como cinturones de Van Allen, anillos de partículas cargadas atrapadas por el campo magnético terrestre. Estos cinturones desempeñan un papel fundamental al proteger el planeta de la radiación cósmica, las tormentas solares y el flujo constante de viento solar, fenómenos que pueden resultar perjudiciales para los seres humanos y para las infraestructuras tecnológicas. Comprender su funcionamiento es clave para evaluar los efectos del entorno espacial sobre satélites, misiones tripuladas y sistemas tecnológicos.
Las sondas Van Allen Probe A y B fueron lanzadas el 30 de agosto de 2012 con una misión prevista inicialmente para dos años. Sin embargo, ambas naves continuaron operando durante casi siete años, proporcionando datos científicos sin precedentes sobre los dos cinturones de radiación permanentes de la Tierra, que reciben su nombre del científico James Van Allen. Entre 2012 y 2019, las dos sondas atravesaron repetidamente esta región del espacio con el objetivo de comprender cómo se generan, evolucionan y desaparecen las partículas energéticas que componen estos cinturones.
Operar en una región hostil del espacio
Las Van Allen Probes fueron las primeras naves espaciales diseñadas específicamente para operar durante largos periodos dentro de los cinturones de radiación. Se trata de una región especialmente hostil para la tecnología espacial, donde la mayoría de satélites y misiones tripuladas intentan minimizar su permanencia debido al elevado nivel de radiación.
Durante su vida operativa, la misión logró varios descubrimientos relevantes sobre la dinámica de estos cinturones. Entre ellos destaca la obtención de los primeros datos que confirmaron la existencia de un tercer cinturón de radiación temporal, que puede formarse durante periodos de intensa actividad solar. La misión estuvo gestionada y operada por el Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory, responsable de coordinar las operaciones científicas y técnicas del programa.
La misión finalizó en 2019 después de que ambas naves agotaran su combustible, lo que impidió que pudieran seguir orientándose hacia el Sol para mantener sus operaciones. En ese momento, los análisis indicaban que Van Allen Probe A reentraría en la atmósfera terrestre en 2034. Sin embargo, esas estimaciones se realizaron antes del actual ciclo solar.
Posteriormente, los científicos confirmaron en 2024 que el Sol había alcanzado su máximo solar, un periodo caracterizado por una intensa actividad y por la aparición de fenómenos de meteorología espacial más frecuentes. Estas condiciones incrementaron la densidad de la atmósfera superior y, en consecuencia, la resistencia aerodinámica que experimentaba la nave en su órbita. Este aumento del arrastre atmosférico aceleró el proceso de degradación orbital y provocó que la reentrada se produjera antes de lo previsto.
Aunque la misión concluyó hace varios años, los datos obtenidos por las Van Allen Probes continúan siendo una referencia para la comunidad científica. El análisis de los archivos de la misión permite a los investigadores seguir estudiando la dinámica de los cinturones de radiación que rodean la Tierra, un factor clave para comprender cómo la actividad solar afecta a los satélites, a los astronautas e incluso a infraestructuras terrestres como las redes de comunicaciones, navegación o distribución eléctrica.
Las observaciones realizadas por estas sondas han contribuido a mejorar la capacidad de predicción de los fenómenos de meteorología espacial y de sus posibles consecuencias sobre los sistemas tecnológicos.
Mientras tanto, Van Allen Probe B, la nave gemela de la que acaba de reentrar, continúa en órbita y no se espera que vuelva a entrar en la atmósfera terrestre antes de 2030.











