Un equipo de robots ha explorado este verano un paisaje marciano simulado en Alemania, guiados remotamente por un astronauta a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). Esta fue la cuarta y última sesión del experimento Surface Avatar, una colaboración entre la ESA y el Centro Aeroespacial Alemán (DLR) para desarrollar cómo los astronautas pueden controlar equipos robóticos para realizar tareas complejas en la Luna y Marte.
La sesión introdujo nuevos niveles de autonomía y complejidad. El astronauta de la Nasa, Jonny Kim, operó dos robots -Spot, de cuatro patas, de la ESA, y Rollin’ Justin, humanoide, del DLR- para recuperar contenedores de muestras dispersos y entregarlos a un módulo de aterrizaje. Spot se desplazó por el terreno de forma autónoma, mientras que Justin fue guiado mediante una combinación de control directo y comandos preestablecidos. Esta configuración permitió a Jonny delegar tareas y centrarse en decisiones de alto nivel, basándose en otras sesiones en las que los robots requerían teleoperación completa.
En un segundo escenario, el rover Interact de la ESA transportó a Bert, el perro robot del DLR, a la entrada de una cueva. Tras retirar una roca, Jonny desplegó a Bert, quien simuló una avería en una de sus patas. Jonny tuvo que reentrenar el algoritmo de marcha de Bert en tiempo real antes de que continuara adentrándose en la cueva y detectara indicios de hielo marciano. Esto puso a prueba cómo los operadores responden a desafíos inesperados y adaptan los sistemas robóticos sobre la marcha.
Los robots se controlan desde la ISS mediante una interfaz personalizada, desarrollada por la ESA y el DLR, que combina un joystick y un dispositivo de retroalimentación háptica. La interfaz permite alternar entre la vista en primera persona para una teleoperación inmersiva y un mapa cenital para una supervisión más amplia de la misión. Esta flexibilidad permite al astronauta gestionar varios robots de forma eficiente, equilibrando el control directo con la delegación estratégica.
A lo largo de cuatro sesiones, el equipo Surface Avatar ha perfeccionado su enfoque de la interacción humano-robot, mejorando tanto la teleoperación como la delegación de tareas a sistemas autónomos. El experimento también ha ayudado a identificar qué tareas prefieren los astronautas controlar directamente y cuáles pueden delegarse de forma segura a sistemas robóticos, lo que ofrece información valiosa para la planificación de futuras misiones.











