El avión experimental Solar Impulse 2, considerado uno de los proyectos más emblemáticos de la aviación solar, ha sufrido un accidente en el Golfo de México durante un vuelo autónomo de prueba realizado el pasado 4 de mayo. Según un informe de la National Transportation Safety Board (NTSB), la aeronave perdió potencia mientras volaba sobre la zona marítima. El siniestro no dejó víctimas ni heridos, pero supone el final de una de las plataformas más representativas de la aviación sostenible de las últimas décadas.
El programa Solar Impulse fue concebido en 2003 por Bertrand Piccard, nieto del explorador Auguste Piccard e hijo de Jacques Piccard, primer ser humano en alcanzar la fosa de las Marianas. El objetivo inicial del proyecto no era comercial, sino demostrar el potencial de las energías renovables mediante el desarrollo del primer avión impulsado exclusivamente por energía solar capaz de dar la vuelta al mundo.
La primera versión de la aeronave, Solar Impulse 1, realizó su vuelo inaugural en 2009 y llevó a cabo varias campañas de ensayo en los años posteriores. Posteriormente, en 2011 comenzó la construcción de Solar Impulse 2, una evolución significativamente más avanzada desde el punto de vista tecnológico.
La aeronave destacaba por una configuración singular: una envergadura de 232 pies, superior a la de un Boeing 747, combinada con una estructura íntegramente fabricada en fibra de carbono que limitaba su peso a unas 5.100 libras, equivalente aproximadamente al de un SUV convencional. El aparato incorporaba una cabina no presurizada de 130 pies cúbicos equipada con reservas de oxígeno y sistemas ambientales destinados a vuelos de larga duración y operaciones de hasta 39.000 pies de altitud.
El sistema de propulsión estaba alimentado por 17.248 células fotovoltaicas capaces de generar una potencia máxima de 66 kW para alimentar cuatro motores eléctricos y cuatro baterías de ion-litio de cerca de 1.400 libras de peso. Además, disponía de funciones básicas de piloto automático que permitían al único ocupante descansar en intervalos de 20 minutos durante las travesías de larga distancia.
Solar Impulse 2 alcanzó notoriedad internacional en 2016 al convertirse en el primer avión de ala fija completamente alimentado por energía solar en completar una circunnavegación del planeta. La misión se desarrolló a lo largo de 16 meses y medio, con 17 escalas intermedias y alternancia en las labores de pilotaje entre Bertrand Piccard y André Borschberg, cofundador de la fundación Solar Impulse. Durante el recorrido, la aeronave mantuvo velocidades de entre 31 y 62 millas por hora, adaptando el perfil de vuelo especialmente durante los tramos nocturnos.
En 2019, la Solar Impulse Foundation anunció la venta de la aeronave a la compañía hispano-estadounidense Skydweller Aero por una cantidad no desvelada. La nueva propietaria planteó un enfoque distinto al del proyecto original, orientando el desarrollo de la plataforma hacia aplicaciones de vigilancia y observación persistente con posibles usos militares y comerciales. Entre las capacidades previstas figuraban la integración de radares, sensores electroópticos, equipos de telecomunicaciones y sistemas de interceptación.
Tras diversas modificaciones, el aparato completó en España su primer vuelo autónomo en 2023. Un año después, realizó su primer vuelo completamente no tripulado desde el aeropuerto internacional Stennis, en Mississippi. El objetivo estratégico de Skydweller consistía en desarrollar una flota de aeronaves solares no tripuladas capaces de mantener operaciones prácticamente continuas entre las latitudes de Miami y Río de Janeiro, ofreciendo una alternativa de menor coste frente a determinadas soluciones satelitales.
El accidente pone fin a la trayectoria de una plataforma que, más allá de sus capacidades técnicas, se convirtió en un símbolo de innovación aeronáutica y de las posibilidades de la propulsión sostenible aplicada al transporte aéreo y a las operaciones de larga duración.










