El espacio ha dejado de ser únicamente un ámbito de exploración científica para convertirse en un elemento esencial para la seguridad, la defensa y el funcionamiento de las sociedades modernas. Esa fue una de las principales reflexiones trasladadas por el director general del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), Enrique Campo, quien defendió durante su intervención en el III Congreso del Espacio el papel estratégico que desempeñan hoy las capacidades espaciales en la protección de los Estados y en la gestión de las operaciones militares contemporáneas.
El responsable del INTA situó el origen histórico de esta relación entre espacio y defensa siglos atrás, evocando a los navegantes del siglo XVI que utilizaban las estrellas para orientarse, explorar y conectar territorios. A su juicio, del mismo modo que aquellas expediciones transformaron el mundo conocido, el actual desarrollo espacial está impulsando un «cambio de época» en el contexto tecnológico y operativo de la seguridad y la defensa.
En este sentido, recordó que «prácticamente todas las capacidades militares actuales dependen, en mayor o menor medida, de los sistemas espaciales». Actividades como la inteligencia, la vigilancia, el reconocimiento, las comunicaciones seguras, la navegación, el posicionamiento de plataformas y combatientes, los sistemas de mando y control o el guiado de municiones requieren del soporte de infraestructuras espaciales para funcionar con eficacia.
El director general del INTA subrayó que estos sistemas resultan determinantes para mejorar la conciencia situacional, garantizar la superioridad de la información y acelerar la toma de decisiones en escenarios operativos complejos. Todo ello en un entorno especialmente exigente desde el punto de vista tecnológico, ya que operar en el espacio implica enfrentarse a condiciones extremas de radiación, vacío, presión, temperaturas y esfuerzos mecánicos asociados al lanzamiento.
“Solo hace unas décadas fue posible disponer de las tecnologías necesarias para utilizar el espacio de forma efectiva. Desde entonces, su evolución ha sido constante», señaló Campo, quien citó como ejemplos el lanzamiento del primer satélite meteorológico, TIROS-1, en 1960; el sistema de navegación Transit, también de 1960; y el satélite de comunicaciones Telstar 1, que en 1962 permitió realizar la primera transmisión de televisión transatlántica.
Un sector transversal y estratégico
El responsable del INTA incidió en el carácter transversal del sector espacial, cuya aplicación se extiende mucho más allá de la defensa. Transporte, agricultura, pesca, medicina, meteorología, energía, medio ambiente, finanzas o patrimonio cultural son algunos de los ámbitos que dependen actualmente de servicios espaciales avanzados.
Precisamente esa dualidad civil y militar convierte al espacio en un sector estratégico. En el caso concreto de la defensa, afirmó, su relevancia es incluso “vital”.
Entre los principales campos de actuación destacó las comunicaciones satelitales, la observación de la Tierra y los sistemas globales de posicionamiento, navegación y sincronización temporal. La diferencia entre el uso civil y el gubernamental, explicó, reside principalmente en el nivel de calidad y seguridad exigido.
Como ejemplo, se refirió al sistema Galileo y a sus servicios gubernamentales. Aunque los servicios abiertos del sistema europeo ya ofrecen elevados niveles de precisión, destacó especialmente las capacidades del denominado Servicio Público Regulado (PRS), diseñado exclusivamente para usuarios gubernamentales y dotado de garantías adicionales frente a interferencias, degradaciones o manipulaciones de señal.
También puso en valor las capacidades de observación espacial, capaces de proporcionar imágenes de muy alta resolución tanto en el espectro visible como en el infrarrojo o radar. Estas herramientas permiten detectar movimientos, identificar patrones, analizar cambios sobre el terreno y seguir objetivos con elevados niveles de precisión y persistencia.
España, recordó el responsable del INTA, lleva décadas desarrollando estas capacidades. El Ministerio de Defensa inició su cooperación con Francia en programas espaciales ya en 1988 y, desde 2018, dispone de capacidades propias mediante el satélite Paz. Además, se trabaja actualmente en la renovación de estas capacidades a través de nuevos programas como Paz 2, que incorporarán sensores avanzados de alta resolución.
Hacia nuevas constelaciones
Durante su intervención, el director general del INTA apuntó además a la transformación tecnológica que vive actualmente el sector espacial. Frente al modelo tradicional basado en grandes satélites únicos o pequeñas constelaciones, se está evolucionando hacia arquitecturas distribuidas compuestas por numerosos satélites pequeños en órbita baja.
Este enfoque permite reducir costes, disminuir la vulnerabilidad de los sistemas, acortar los tiempos de desarrollo y mejorar la latencia de los servicios. También facilita incorporar mejoras tecnológicas de forma más ágil durante el ciclo de vida de las misiones.
En paralelo, destacó la creciente importancia del procesamiento a bordo y de la inteligencia artificial embarcada, así como de las comunicaciones intersatélite para crear sistemas más modulares, resilientes e interoperables.
Como ejemplo de estas nuevas capacidades, mencionó el programa ANSER, desarrollado por el INTA, basado en una constelación de pequeños satélites con carga útil distribuida. A pesar del fallo inicial en el lanzamiento de uno de los satélites, el sistema logró recuperarse posteriormente mediante el lanzamiento de un nuevo elemento que se integró con éxito en la constelación ya operativa.
La congestión orbital y el incremento de los desechos espaciales representan otro de los grandes desafíos para el sector. Para afrontarlos, el responsable del INTA destacó la importancia de los servicios de vigilancia y seguimiento espacial, que permiten monitorizar trayectorias, prevenir colisiones y analizar fragmentaciones orbitales.
España participa en estas capacidades a través del Centro Español de Vigilancia y Seguimiento Espacial y del Centro de Operaciones de Vigilancia Espacial del Mando Operativo del Espacio.
El director general del INTA concluyó subrayando que el sector espacial español debe seguir creciendo en capacidades, manteniendo su integración en el marco europeo y aliado, sin renunciar a la protección de sus propios intereses estratégicos. Todo ello, además, desde una perspectiva de cooperación entre el ámbito público y privado, una fórmula que, recordó, España lleva desarrollando “con éxito” desde hace años.
“El espacio sigue siendo un desafío”, afirmó para cerrar su intervención, insistiendo en la necesidad de mantener el impulso actual y no perder posición en un sector que considera decisivo para el futuro tecnológico, industrial y estratégico del país.










