Un avión regional CRJ-900 operado por Jazz Aviation colisionó en la noche del 22 de marzo de 2026 con un vehículo de rescate y extinción de incendios (ARFF) en el aeropuerto neoyorquino de LaGuardia, en un accidente que dejó dos víctimas mortales —el comandante y el copiloto— y decenas de heridos. El suceso, actualmente bajo investigación, pone el foco en la coordinación operativa en superficie y en los sistemas de alerta de incursión en pista.
El aparato, un Mitsubishi CL-600-2D24 con matrícula C-GNJZ, realizaba el vuelo regular entre Montreal y Nueva York cuando, a las 23:37 hora local, impactó con el vehículo R35 mientras aterrizaba en la pista 4. El avión resultó sustancialmente dañado tras la colisión.
A bordo viajaban 76 personas entre pasajeros y tripulación. Además de los dos pilotos fallecidos, seis personas resultaron heridas de gravedad y otras 33 sufrieron lesiones leves. Parte de los ocupantes fueron evacuados por sus propios medios a través de las salidas sobre el ala, con asistencia posterior de los equipos de emergencia desplazados al lugar.
Secuencia del accidente
Según el informe preliminar, el control de tráfico aéreo autorizó al vuelo a aterrizar cuando se encontraba en aproximación final a unos cinco millas de la pista. Paralelamente, varios vehículos de emergencia se dirigían hacia otra incidencia declarada minutos antes en la terminal B.
El vehículo implicado, identificado como “Truck 1”, solicitó autorización para cruzar la pista 4 desde la calle de rodaje D. La torre de control concedió el permiso cuando el avión se encontraba ya a baja altitud y a escasa distancia de la cabecera.
Pese a que posteriormente se emitieron instrucciones para detenerse, el vehículo continuó avanzando hacia la pista. En ese momento, la aeronave ya había tomado contacto con el suelo e iniciaba la fase de frenado con reversas desplegadas. La colisión se produjo en la intersección de la pista con la calle de rodaje.
Sistemas de alerta sin activación efectiva
Uno de los elementos más relevantes del informe es que el sistema de vigilancia en superficie ASDE-X no generó alertas visuales ni sonoras que advirtieran del conflicto inminente entre el avión y el vehículo.
El documento señala que varios de los vehículos implicados no disponían de transpondedores, lo que dificultó su identificación y seguimiento preciso en el sistema. Como consecuencia, no fue posible correlacionar sus trayectorias con la del avión en aproximación ni anticipar el riesgo de colisión.
Asimismo, aunque las luces de estado de pista (Runway Entrance Lights) se activaron correctamente para advertir de la llegada del avión, permaneciendo encendidas hasta pocos segundos antes del impacto, no evitaron la incursión del vehículo en la pista activa.
El análisis inicial revela que los daños más severos se concentraron en la parte delantera del fuselaje, incluyendo la cabina de vuelo, que sufrió una deformación significativa. Los asientos de los pilotos se desprendieron durante el impacto. En contraste, la cabina de pasajeros mantuvo en gran medida su integridad estructural, con los asientos permaneciendo anclados, lo que facilitó la evacuación.
El avión se detuvo finalmente en posición elevada de morro, mientras que el vehículo ARFF quedó volcado sobre su lateral izquierdo tras el impacto.
Contexto operativo
La tripulación de vuelo se encontraba en la última etapa de una jornada que incluía tres vuelos programados. El comandante acumulaba 3.560 horas de vuelo, mientras que el copiloto contaba con 718 horas totales. En la torre de control operaban dos controladores con amplia experiencia, uno de ellos asumiendo simultáneamente funciones adicionales debido a la gestión de la emergencia en tierra.
Las condiciones meteorológicas eran de noche con visibilidad reducida por lluvia ligera, aunque dentro de parámetros de vuelo visual, y la pista presentaba condiciones consideradas aptas para el aterrizaje.
La investigación está liderada por la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB), con la participación de diversas entidades estadounidenses y canadienses, incluyendo autoridades aeronáuticas, operadores, fabricantes y asociaciones profesionales. Los registradores de vuelo —CVR y FDR— ya han sido recuperados y analizados, y se han constituido varios grupos de trabajo especializados para examinar factores operacionales, técnicos y humanos.
El informe es preliminar y sus conclusiones podrían modificarse a medida que avance la investigación. No obstante, los datos conocidos hasta ahora apuntan a una combinación de factores relacionados con la coordinación en superficie, la gestión del tráfico en situaciones de emergencia y las limitaciones de los sistemas de detección disponibles.











